Kalmenson nos dice: “La palabra hebrea para “cuerpo”, guf, significa “tapa” o “corcho”, lo que significa que el cuerpo actúa cual recipiente que encapsula y da forma al alma.”
En este mundo moderno donde utilizamos el cuerpo como un coche de alquiler, las palabras de Kalmenson son extraordinariamente trascendentes, él nos dice que “La idea de que el cuerpo debe ser domesticado, o incluso “golpeado”, hasta la sumisión es una idea dominante. En su libro Palabras Andantes, el escritor uruguayo Eduardo Galeano resume concisamente las opiniones contemporáneas prevalecientes sobre el cuerpo: “La Iglesia dice: el cuerpo es pecado. La ciencia dice: el cuerpo es una máquina. La publicidad dice: el cuerpo es negocio. El cuerpo dice: soy una fiesta”.
La perspectiva kabalística es bastante diferente, ve al cuerpo como la interfaz y el medio de expresión del alma en la realidad física. Y lo dice de una forma muy poética: “el cuerpo le da al alma una voz y el alma proporciona la canción.”
Explica que los preceptos están hechos para ser realizados con el cuerpo, siendo imposible para el alma desencarnada. Esa es la razón por la cual es en este mundo donde podemos evolucionar, si pasamos de plano antes de tiempo, o sea, antes de los 120 años o antes de haber corregido todas las transgresiones que hicimos o haber cumplido con todas las misiones que prometimos al venir.
“El propósito de la vida corporal no es, por lo tanto, negar, sino abrazar lo físico y utilizarlo para alcanzar fines espirituales. Como dice en Proverbios: En todos tus caminos ten presente a Di-s.
(...)Esta transformación de la energía física en acción espiritual puede, y debe, comenzar por las propias funciones y hábitos corporales. Es por esta razón que los judíos recitan una bendición incluso después de haber usado el baño, agradeciendo a Di-s por el intrincado funcionamiento del cuerpo y reconociendo incluso que, si alguna abertura del mismo se obturase sería imposible continuar con la poderosa y sagrada tarea de vivir y divinizar el mundo. Y así, después de lo que podría considerarse nuestro acto físico más elemental, recitamos una bendición para reconocer el diseño Divino del cuerpo mismo. Con el tiempo, estos rituales, de los cuales hay muchos en el judaísmo, nos ayudan a desarrollar una naturaleza más refinada y una orientación existencial en sintonía con el alma, más adecuada para actuar en su nombre.”
Sin el cuerpo, el alma sería incapaz de interactuar con la realidad tangible, recuerdo siempre una película llamada “Sobre el cielo de Berlín” donde unos ángeles estaban cuidando a la gente de esa ciudad pero anhelaban el amor, el peso de los huesos, un dolor profundo, etc. Es muy recomendable verla para aquellas personas que están considerando el suicidio en el mundo de hoy tan atosigado por guerras, hambrunas, terrorismo, duelos, etc. El film demuestra claramente que estar vivo es una bendición y una oportunidad únicas (aunque haya otras encarnaciones pasadas o futuras, es en ésta donde debemos hacer nuestro mayor esfuerzo por evolucionar al máximo.
También nos comenta que en el texto Likutei Torá Shemini, y otros dice “El rey Salomón escribe en Proverbios 4 que la buena cosecha es a través de la fuerza de un buey. El cuerpo, como un buey, posee fuerza y pasión que, cuando se desbordan y no se doman, tienen el potencial de causar estragos. Sin embargo, es esta misma apasionada pasión y fuerza cuando se aprovecha y dirige hacia fines espirituales, se puede utilizar para lograr lo que el alma no podría por sí sola.” Acá podemos pensar en la esencia de la energía vital y la necesidad de canalizarla en fines altruistas, de crecimiento, saludables. Sin prejuicios, sino utilizando la inteligencia al servicio de nuestro bien.
“Los impulsos psicoemocionales, como los celos, la envidia y la avaricia, que surgen de la vida dentro del cuerpo, potencialmente pueden ser aprovechados por el alma para impulsarla más allá de las alturas que podría alcanzar por sí sola. Por ejemplo, los Sabios señalan: “La envidia (del saber) entre los eruditos incrementa la sabiduría” (Bava Batra 21b) Esto es fantástico, parece autobiográfico, hace pocos días me llegó la noticia de un pariente muy cercano que tiene una fortuna incalculable, de la cual puede justificar todo menos el primer millón, como dijo un millonario famoso. Eso me llevó directamente a mi absoluta incapacidad para imaginarme manejando semejante fortuna, sin efectos secundarios, sin perder la paz interior y sin temer nada.
El autor continúa con un aspecto muy interesante, dice: “De esta manera, el cuerpo transporta al alma hasta alturas que ella, por sí sola, jamás podría alcanzar. Esto lo insinúa la voz hebrea agapaiim, “alas” (agaf en singular, “ala), que justamente comparte la misma raíz que guf (cuerpo): Contrariamente a la creencia popular, es el cuerpo el que proporciona alas al alma, y no a la inversa. Por tanto, el cuerpo no es sólo un recipiente del alma, sino su vehículo.” Me encantó! “De hecho, el alma es enviada a este mundo con la expresa misión de transformar la naturaleza del cuerpo de una entidad tosca, egocéntrica y materialista en un ser más refinado y espiritualmente afinado.
Por lo tanto, el cuerpo es el propósito último del descenso del alma desde su morada celestial y espiritual a la vida mortal.”
(…) Por eso hay que tener mucho cuidado en el trato que brindamos al cuerpo, al cual le conferimos un grado de santidad y Divinidad. Por ejemplo, la Biblia prohíbe categóricamente infligir daño alguno al cuerpo, como surge del versículo Deuteronomio 4:15 Cuida extremadamente tu vida, hasta el punto de que “el peligro de daño físico es abordado con mayor severidad que las prohibiciones rituales”.(Julín 10a)
Además, pikuaj nefesh, el principio por el cual la preservación de la vida humana tiene prioridad sobre toda norma religiosa, es otra poderosa expresión de la consideración, e incluso reverencia, del judaísmo por la vida física. De esta manera, la Torá enmarca nuestra salud física y supervivencia como un mandato religioso del más alto orden. Porque, como enseña R. Dov Ber, el Maguid de Mezritch, “Un pequeño hoyo en el cuerpo es un agujero grande en el alma”. Citado en Iguerot Kodesh Vol. 4, p. 341 de una carta impresa en Hatamim.
Con esto se entiende que todo lo que vemos hoy día en materia de tatuajes, piercings, transformaciones de todo tipo estarían contemplados dentro de lo que no deberíamos hacer, por suerte, el pecado es siempre tomado en pasado, el presente y el futuro son los que tenemos la posibilidad de cambiar. Nada de mortificarse. Muchas veces somos esclavos de los parámetros de la época en que nacimos, de las tentaciones del momento. Veamos hacia adelante, avancemos siempre lo máximo posible.
“¡Sorprendentemente, desde una perspectiva mística, los orígenes espirituales y el potencial del cuerpo exceden incluso los del alma! De hecho, el cuarto Rebe de Lubavitch, R. Shmuel, escribe en Torat Shmuel 5637, p. 91-92 que “en el tiempo por venir, el alma será nutrida por el cuerpo. Porque, en verdad, el cuerpo proviene de un lugar inmensurablemente más elevado que el alma”. Asombroso!
En la enseñanza cabalística del Zohar I: 122b dice que nuestro patriarca Abraham sirve como metáfora del alma y la matriarca Sara como metáfora del cuerpo, surge una llamativa alusión textual a la supremacía espiritual y la sabiduría del cuerpo sobre el alma: Dijo Di-s a Abraham en Génesis 21:12 (el alma): Lo que sea que Sara [el cuerpo] te diga, escucha su voz. Esto refleja la noción radical de que, en potencial y a través de la activación del alma, la intuición y percepción espirituales únicas del cuerpo exceden las del alma misma. Curiosamente, nuestra comprensión del profundo nivel de inteligencia y potencial curativo que posee el cuerpo recién está empezando a descubrirse lentamente. Un ejemplo de esto es el popular libro intitulado: El cuerpo lleva la cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la curación del trauma, de la autoría de Bessel van der Kolk. Y en la enseñanza jasídica (Tania, Igueret Hakodesh 15) considera el versículo (Job 19:26) Desde mi carne percibo a Di-s como una referencia al concepto de que el cuerpo tiene su propia inteligencia espiritual innata e interna, y que, además, al analizar el diseño y la estructura corporal que refleja a su Creador, uno puede aprender sobre el diseño y la estructura Divinos del universo, del cosmos e incluso de ciertos aspectos y atributos de Di-s mismo.
La Mishná enseña en Avot 4:17 “un instante de retorno a Di-s y de realizar buenas acciones en este mundo [es decir, en un cuerpo] es más precioso que todo el Mundo Venidero [el mundo de las almas incorpóreas]”.
En consecuencia, se valora la vida dentro del cuerpo por encima de la más elevada experiencia espiritual; dado que el deseo último de Di-s no es mayor espiritualidad etérea, sino “una morada en los reinos más bajos [o sea, en nuestro mundo físico]”. El mayor placer de Di-s no está, por lo tanto, en la negación del cuerpo sino en su elevación.
El autor resalta que “El cuerpo no es meramente un compañero del alma o combustible para su fuego; su refinamiento es el propósito mismo del descenso del alma a este mundo.”