• Inicio
  • Blog
  • La Autocrítica como una forma de Mala Lengua

La Autocrítica como una forma de Mala Lengua

Explore cómo la autocrítica puede ser una forma sutil de auto-sabotaje y descubra caminos para transformarla en palabras que generen luz y calma.

La Autocrítica como una forma de Mala Lengua

La verdad es que lleva toda la vida aprender a controlar la mala lengua, el mal de ojo, la crítica, la mentira, el engaño, el autoengaño. Uno está siempre chequeándose y es casi imposible no caer en alguna de estas formas de negatividad.

Generalmente es automático, cometemos un  error, se nos cae algo, nos olvidamos de algo importante e internamente nos criticamos. Cómo detener la rumiación mental, esos “monos borrachos” llaman los yoguis a la conciencia, esa voz interna que no suele callarse, por lo menos no sin algún ejercicio de meditación. 

El tema fundamental es que, dicen los kabalistas, no hay que darle la oportunidad al adversario de abrir la boca y decir, por ejemplo, “Amén”. Eso sería como un auto boicot, lo es en verdad. Cuántas veces salió de nuestra propia boca aquello que nos provocó sufrimiento luego! Quizás todas las veces, hagamos memoria: “Esto me mata” “Me rompiste el corazón” “No vaya a ser cosa que me roben/maten/tiren/hagan caer/desaprueben/fundan/contagien, etc etc etc”. O sobre otros “este no aprende ni en tres reencarnaciones más”.

Siempre está la posibilidad de debatir entre el actuar y el fluir, todas las veces, aunque uno suele tomar cierta decisión anticipada, para ello sirve el librepensamiento y el libre albedrío, el Creador, el Universo, la Naturaleza humana, nos otorgaron la capacidad de pensar sobre ciertas cuestiones anticipándonos a una situación para que, llegado el momento, tengamos cierta orientación. 

Hay quienes piensan: si esto está pasando frente a mi, o si me entero de algo, debe ser por alguna razón aunque yo no lo entienda. Algunos se miran hacia adentro y piensan: “Por suerte no me tocó a mi” o “Por algo debe ser” o “Yo no debo intervenir en la corrección del otro” Este tipo de personas, las que fluyen con el entorno y comprenden que todo viene de la Luz, muchas veces podrían sentirse culpables de no haber ayudado en esas situaciones que se les presentaron.

Hay personas que piensan que todo viene de Dios también pero que aquellas situaciones las interpelan en su interior y piensan “Tengo que ayudar, por algo esto pasó por mi vida/oídos/vista, etc.” aunque aquello los termine afectando de manera tal que luego tengan que hacer un proceso de purificación, limpieza, buscando nuevamente su centro, su paz interior, perdida momentáneamente por el suceso acaecido.

La pregunta es cuál es el mejor momento para actuar y cuál para dejar pasar? Hasta dónde uno se puede preservar y hasta dónde arriesgar? Quién nos dijo que no nacimos para ser héroes y quién nos dijo que nacimos para ser héroes? Hasta dónde hay que dar la vida para salvar a otro y hasta dónde hay que cuidar nuestra vida porque es nuestro regalo y lo que nos regalan, no se regala?

Cómo será nuestra forma de evaluar las situaciones desde el otro plano? De que nos arrepentiremos y de qué nos enorgulleceremos? Quiénes van a bendecirnos y quiénes a olvidarnos? Si la vida es un aprendizaje continuo, una evolución continua, de modo que todo es desafío y aprendizaje: las enfermedades, los éxitos, los fracasos, los accidentes, los parientes, las parejas, los hermanos, absolutamente todo está allí para que aprendamos.

Situación: dejamos de hacer nuestras obligaciones cotidianas porque decidimos ir a hacer un trámite en un organismo público. Al llegar nos dicen “se cayó el sistema” lo que suele suceder y volver al rato, pero en este caso la cuestión es que no se pudo. Se pueden alimentar los genios de la furia, los que se alojan en la boca del estómago y nos hacen arder como el fuego o se puede pensar “quizás sea para mi bien si Dios así lo dispuso”.

Situación II: vamos a un comercio al que solemos ir y entablamos conversación con la dueña como siempre, pero esta vez notamos algo mal en ella, cierta preocupación, cierta angustia y ansiedad, al preguntarle nos cuenta que fue víctima de violencia de género. Simplemente la escuchamos? Ya es bastante. Le damos consejo? Nadie los escucha, pero está bueno también. O la acompañamos a hacer la denuncia para que se sienta protegida y se calme? Hasta dónde está bien? Quién podría juzgarnos por hacer o no hacer nada?

Creo seriamente que la respuesta está en nuestro interior, qué deberíamos hacer y por qué, hasta dónde nos vamos a comprometer y cuál va a ser nuestro límite? Pero hay un par de frases que siempre hay que tener presentes: qué te gustaría que hicieran por ti cuando te encuentres en una situación similar? Y cómo te vas a sentir cuando te des una ducha o cuando te vayas a dormir? (Digo lo de la ducha porque el agua es una forma de purificación y aquellas partes por donde pasa el agua tienen memoria y tienen un rastro de todo lo que hicimos desde la última vez que nos duchamos.) y también al momento de acostarnos e intentar conciliar el sueño, aquellas situaciones que nos dejaron preocupados o pensando “debería haber hecho…” “cómo estará fulanito o zultanita.”

Por otro lado, dicen que Dios protege al que protege a otros, hay 36 versículos de protección en la Biblia, no pueden fallar los 36! Pero no hay que desafiarlo a Dios. 

Es como un equilibrio inestable. Un debate interno permanente. Ninguna certeza más que el aprendizaje de lo que sea, bueno o malo.

Sin embargo hay un punto muy importante a tener en cuenta para aquellos que se sienten siempre más tentados a actuar que a dejar pasar y es que a la oscuridad no se la combate con más oscuridad si no con Luz. Esto significa que, lo que sea que hagamos, tiene que generar una situación de calma, de ampliación del círculo de amor, de protección y alivio. Si es de alegría mucho mejor.

“Que podamos discernir entre lo bueno y lo mejor en cada ocasión.”

Amén!


Te puede interesar
Accede con tu cuenta de Kabalá Kurt
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X